Año XIV. Entrega nº 930
“El escolapio Joaquín de Traggia (1748-1802), escritor, historiador y lingüista de la ilustración, encuadra la antigua Attacum en la actual Ateca cuando dice: “En la Celtiberia, según Ptolomeo, corresponde verosímilmente a Ateca, no lejos de Calatayud y dentro de su Comunidad”.
En la melodía de los extensos y bellos páramos bilbilitanos, de lo que fue la cuarta provincia aragonesa, surgen como contrapunto unas formaciones rocosas en las que los vientos se detienen para entretenerse y dejar su impronta esculpiendo caprichosas formas para deleite del caminante.
Estas tierras celtibéricas serían consideradas como las de menor densidad de población en Europa tras Laponia. Durante el trienio liberal (1821-1823) se creó el 27 de enero de 1822 la provincia de Calatayud, con tierras incluso de los actuales municipios de Medinaceli (Soria) y de Molina de Aragón (Guadalajara) que, en su corta duración llegaría a tener Diputación, ocupada por dos sucesivos presidentes (Miguel Cabrera y Juan López, ambos liberales), hasta que el 1 de octubre de 1823, Fernando VII, que no entramos a calificar, declaró nulas todas las actuaciones del gobierno constitucional, finalizando así los sueños independentistas.
Entre los cinco elementos que recoge la tradición ayurvédica, está “Vayu”, que corresponde con el “aire”, y que representa la forma gaseosa de la materia. La respiración, el movimiento de nuestros pensamientos e ideas están gobernados por Vayu. En nuestra etapa escolar aprendíamos que el viento es el aire en movimiento.
También la Ciencia iniciática relaciona el elemento aire con el mundo mental. Cuando contemplamos estas formaciones rocosas, vemos cómo el viento trabaja incansablemente y con gran paciencia, erosionando en mayor medida los materiales blandos, dejando más evidentes los duros. Si establecemos un paralelismo con nuestro organismo psíquico observaremos que el poder mental, al igual que lo hace el poder eólico en la naturaleza, es capaz de erosionar, es capaz de ir eliminando nuestras debilidades, poniendo de relieve nuestras fortalezas. El Gran Libro de la Naturaleza Viviente siempre dando lecciones de vida.
En la jornada de hoy, Eolo, el dios griego del viento, estaba dado lección en otra parte, porque hemos gozado de una jornada magnífica, con cielos despejados y buena temperatura. Nos acercamos hasta Ateca, para seguir por la A-1502, dirección Torrelapaja, y a unos 6 km sale una pista a mano derecha, que tomamos, dejando, también, a mano derecha un verdadero mar de placas fotovoltaicas, hasta recorrer unos 3 km y llegar a una gran explanada, donde están instalando una subcentral eléctrica para evacuar la electricidad generada.
Es el punto de partida de la ruta, con el objetivo ya a la vista, dejando a uno y otro lado el aperitivo de lo que nos vamos a ir encontrando a lo largo de toda ella. En veinte minutos llegamos al comienzo de la senda señalizada como “Los Zigzag”, donde abrimos la primera circular, hasta salir a una pista, que tomamos a la derecha, y luego otra a la izquierda, ya por el pinar. De nuevo otra a la izquierda, por la que seguimos las indicaciones ya de la Cruz de Armantes, dando comienzo a la subida a la corona, abriendo la segunda circular.
Una vez en ella, completamos las vistas que se nos han ido ofreciendo en la subida. Como un cuarto de hora para recorrerla, pasando incluso por una cota algo superior a la de la Cruz, situada en el punto más noroccidental de la sierra, que convive en paz con el vértice geodésico. El asombro se magnifica al contemplar los extensos páramos a los pies de esta singular sierra. Hora y media hasta aquí, hermanando los términos municipales de Ateca, Calatayud y Cervera de la Cañada, donde está la Cruz de Armantes.
Pero no todo son páramos a nuestros pies, que al norte hay un grupo de formaciones rocosas más singulares si cabe, los Castillejos le llaman, porque evocan esas torres defensivas con sus almenas, a donde nos tenemos que dirigir. Para ello, volvemos sobre nuestros pasos para desviarnos por un sendero a la izquierda, que nos va bajando de la sierra para llegar a ese mirador homónimo, desde donde se gira rabiosamente hacia el sur, pero no nos resistimos a visitar esas formaciones donde anida el viento haciendo estragos en los materiales blandos.
Sensaciones cuasi estremecedoras al colarnos por entre los vericuetos que nos ofrece, hasta donde te detiene la cordura. Fotos, y más fotos. Volvemos sobre nuestros pasos hasta el mirador, y ahora sí, retomamos el camino para vestirnos de bosque y amanecer en el PR-Z 95 camino de Moros… pero sin llegar, claro. Continuamos por pista, hasta cerrar la segunda circular.
Seguimos por pista hasta meternos en un sendero que nos va llevando a la zona del “Far west”, otro increíble paraje donde las piedras hablan, y cuentan lo acostumbradas que están ya a los azotes de Eolo, pero que resisten, resisten ofreciendo esa austeridad de la que hacen gala. Primero bordeando por arriba un barranco, y luego deambulando por debajo de esas paredes que van saliendo a un encuentro visual que impacta el alma.
Al cabo de algo más de media hora admirando y escuchando el silencio en silencio, cerramos la primera circular, restando sólo ya desandar ese primer tramo hasta el punto de partida. Una muy completa ruta en la que hemos recorrido 16,7 km en algo más de 4 horas y media, con un desnivel acumulado de en torno a los 480 m D+/- (Wikiloc: 335 m D+/-), con una pendiente media del 2,73%, habiendo alcanzado una altura máxima en los 969 m del punto más alto de la meseta, antes de llegar a la Cruz.
BIBLIOGRAFÍA
Aragón. Santiago Lorén. Ed. Destino (1977)
Historia de Aragón. Los pueblos y despoblados I. Antonio Ubieto. Anubar (1984)
RECURSOS DIGITALES
Institución Fernando el Católico DPT
Las fotos, con sus comentarios, y el track.
Nota: La publicación de la ruta, así como del track, constituye únicamente la difusión de la actividad, no asumiendo responsabilidad alguna sobre el uso que de ello conlleve.